Para sentir ilusión como cuando éramos niños y permitirnos soñar, es necesario deshacernos del exceso de obligaciones y poner en juego el cuerpo, el instinto y la fantasía.

Cómo incorporar la ilusión en nuestro día a día

No significa añadir una nueva obligación a nuestra vida, no se trata de que nos fijemos un nuevo objetivo que genere más cansancio del que ya acumulamos habitualmente.

La ilusión, cuando está realmente alineada con nuestra naturaleza y con lo que somos, nos indica la dirección del camino que tomamos en la vida. En contraste, cuando hacemos las cosas solamente desde la obligación, sentimos que no avanzamos, que vivimos sin expectativas sumergidos en la monotonía y el aburrimiento. Somos un barco a la deriva, sin rumbo.

Cada etapa de la vida suele venir marcada tanto por una ilusión como por un reto a superar. Se trata de una polaridad en la que todos estamos inmersos y, para crecer, para pasar de una etapa a otra, tan importante es saber vencer el reto y cubrir las necesidades que ese momento vital nos plantea como saber desapegarse de lo conseguido para poderre-ilusionarse con el reto que nos plantee la siguiente etapa.

¿De quién es esa ilusión?

El problema es que algunas ilusiones no son tan genuinas como aparentan ser, sino que vienen inducidas por lo que se espera de nosotros social o familiarmente. De este modo, uno tiene la ilusión de tener un trabajo, una casa, un hijo… Y aunque estos deseos pueden ser vividos como ilusiones verdaderas, muchas veces están más marcados por la necesidad de seguir un modelo en lugar de surgir de una verdadera conexión con lo que uno es y desea de forma auténtica. Conviene estar atentos a ello.

Cabría preguntarse si estas ilusiones están conectadas con nuestras auténticas necesidades o, en realidad, responden a los patrones que determinan la sociedad de consumo y nuestra cultura para cada sexo.

Se trataría, pues, de recuperar una ilusión estrechamente relacionada con lo que somos, con nuestras capacidades y nuestros dones. En definitiva, recuperar una ilusión alineada con nuestra auténtica misión en la vida.

Fuente: Revista Mente Sana